El máximo responsable de Estudio de Comunicación, organizadora del Spain Investors Day que celebra en Madrid su décima edición el 14 y 15 de enero, repasa una década de una reunión que se concibió como punto de encuentro de grandes inversores internacionales y las cotizadas españolas más importantes; de hecho este año estará presente casi el 80% del Ibex.

 ¿Con qué objetivo se concibió hace 10 años este encuentro entre grandes cotizadas españolas e inversores internacionales?

Por entonces España pasaba por un momento de crisis económica muy profunda. El primero que organizamos coincidió con la intervención de Irlanda y pensábamos que justo en esos momentos de crisis las empresas españolas necesitaban, más que nunca, explicar a los inversores internacionales cuál era su realidad y sus planes. Solo las empresas muy grandes eran capaces de convocar en un Investors Day, el resto tenían que hacer un road show por Londres, París, Nueva York, etc. Nos parecía que si creábamos un punto de encuentro anual en Madrid donde los inversores internacionales pudieran ver en dos días a las empresas, eso facilitaba la vida a unos y a otros. Llevamos 10 años y creemos que la idea era buena y sigue teniendo sentido.

¿Cómo fue aquel primer encuentro?

En los años de crisis nos fue muy difícil, y sobre todo en la primera edición, que vinieran inversores. A medida que hemos ido consolidando el punto de encuentro hemos ido creciendo en número y este año esperamos batir récord, de hecho tenemos expectativas de que vengan más inversores de Estados Unidos. España en este momento despierta interés.

¿Qué le interesa al inversor internacional de la Bolsa española?

La Bolsa española tiene gran atractivo por su rentabilidad por dividendo. La retribución al accionista en forma de dividendo ha alcanzado hasta noviembre los 28.200 millones, un 9% más que en 2018. Eso significa que en momentos de bajos tipos de interés la inversión en nuestro mercado, ya solo por el dividendo, es muy rentable. Y eso interesa, de hecho el 50% del capital cotizado de las grandes empresas está en manos de inversores internacionales. Nuestro foro es para vender España, o mejor dicho, a las empresas que cotizan en España. Cuando un inversor decide invertir lo hace pensando en dos cosas: la marcha de esas empresas y sus proyectos a distintos plazos y su entorno, es decir, la economía nacional, el marco regulatorio, el proyecto como país, por eso traemos al foro a ministros para que cuenten esos proyectos.

¿Cómo cree que se ve desde fuera a las empresas españolas?

Pesan en el mundo, con sectores que este año se han comportado de forma excelente, por ejemplo la construcción, donde las compañías españolas son líderes mundiales. Este sector, por ejemplo, ha crecido este año en Bolsa el 26%. El energético, con compañías también punteras, ha avanzado el 12%. No somos el ombligo del mundo pero interesamos.

Ha lamentado en otras ocasiones que España no haya sido capaz de atraer el espacio que deja la City londinense tras el Brexit.

Se ha aprovechado en algunas cosas pero tal vez desde el punto de vista institucional y de las Administraciones se podía haber hecho más. Ha habido instituciones como la CNMV que sí han hecho un esfuerzo importante por divulgar nuestro mercado, pero lo que tiene que hacer España y sus empresas es seguir dando confianza a los mercados. ¿Cómo? Teniendo una regulación seria, que la tenemos, y tener Gobierno, porque no tener un Ejecutivo es un hándicap importante, y desde luego tener estabilidad y proyectos a medio y largo plazo.

La formación de Gobierno es inminente, ¿cómo puede afectar?

Los inversores buscan marcos estables y seguridad jurídica para invertir porque necesitan hacer sus previsiones y sus cálculos de rentabilidad a largo plazo. Sin duda, para la inversión es bueno que haya Gobierno y que este sea lo más estable posible. Una vez que haya Gobierno, evidentemente sus decisiones condicionarán las inversiones futuras y anuncios como la subida de impuestos o el endurecimiento del mercado laboral no son precisamente competitivas con otros países ni atractivas para generar confianza. España necesita continuar creciendo para pagar sus deudas y crear más riqueza y los nuevos gobernantes deben ser conscientes de que no se puede repartir lo que no se tiene.

¿Cree que el gran inversor institucional mira eso o realmente se fija en lo que ocurre en la economía mundial?

Las economías mundiales se están desacelerando, la española también, pero afortunadamente menos que otras. La previsión es cerrar en el 2%, lo que significa que seguimos creciendo mucho más que los países de nuestro entorno. Pero todo en un contexto global de desaceleración y los inversores lo tienen en cuenta. Además, tenemos de positivo que con tipos de interés tan bajos, nuestra Bolsa es atractiva dada su rentabilidad por dividendo, y que las empresas están empezando a seguir el modelo anglosajón e intentan financiarse cada vez más vía mercados y menos con los bancos. Por dar algún dato, en 2019 habrá tres veces más empresas españolas no financieras que han emitido deuda fija que en 2012, y el doble que en 2015. Nuestra mercado de emisiones está creciendo mucho.

¿Y de qué recelan?

Italia también tiene conflictos y Escocia, por ejemplo, ha pedido un referéndum de independencia. Todos los países desarrollados tienen problemas, pero lo importante es que hay democracia, leyes, unos tribunales que funcionan, etc. España no despierta ningún recelo entre los inversores internacionales. Cataluña ha dejado de ser un temor como lo era hace un año o dos, ya que los inversores han visto claramente que España tiene mecanismos para resolver sus problemas internos. No hay una preocupación grave ni desde el punto de vista político ni territorial.

¿Qué cambio destacaría en ­estos años?

La apuesta por la sostenibilidad. En 2019 el volumen total de bonos que cumplen criterios de sostenibilidad y lucha contra el calentamiento global han estado por encima de los 9.000 millones de euros y España ocupa un lugar relevante entre los 10 países del mundo con más emisiones de bonos sostenibles, lo que demuestra nuestra modernidad.

Fuente: Cinco Días