«Usted no lo sabe, pero es heredero de una fortuna”. Todo comienza con una frase de este estilo. A un lado del teléfono, un particular sorprendido e incrédulo. Al otro, un abogado que intenta convencerle de que no es una estafa ni una broma y que, tras una investigación, ha descubierto que es el destinatario de una herencia no reclamada.

Lejos de lo irreal que pueda parecer el tópico de la llamada que le cambia a uno la vida, los abogados cazaherencias existen. Son pocos, pero se mueven en un nicho de negocio suculento. Y ello gracias, en parte, a la historia de España, en donde muchos ciudadanos tuvieron que emigrar durante la Guerra Civil a otros países y dejar atrás todo, incluyendo los legados familiares.

Cada año, el valor total del patrimonio de herencias que se encuentra en el limbo jurídico ronda de 100 a 150 millones de euros, según la empresa francesa Coutot-Roehrig. Además, el 40% de las muertes se producen sin testamento, según el Consejo General del Notariado, lo que hace que, en el peor de los casos, el Estado acabe quedándose esos bienes y dinero sin dueño. “En España hay más de tres millones de viviendas abandonas. De ellas, un millón son por la muerte de sus propietarios sin sucesores”, afirma Jenny Sevilla, abogada de Grupo Hereda, bufete especializado en encontrar herederos de inmuebles deshabitados.

Uno de los clientes principales de este tipo de despachos son administradores de fincas que quieren saldar deudas de un fallecido de las que nadie se hace cargo. Otros son vecinos interesados en comprar la vivienda colindante abandonada; presidentes de comunidad con problemas de derramas, insalubridad y de infraestructura, o, incluso, inmobiliarias interesadas en la vivienda. También acuden a ellos notarios cuyos clientes buscan a los coherederos que figuran en el testamento y no conocen, porque son necesarios para poder tramitar su herencia.

El arduo proceso para dar con el paradero de los herederos se inicia con un procedimiento de investigación liderado por antiguos detectives o abogados genealogistas sucesorios que, por ejemplo, el Grupo Hereda forma en Francia para diseñar un árbol genealógico de cada caso de acuerdo al Código Civil y al orden de llamamiento a suceder. “El primer paso es realizar una valoración jurídico-económica para ver si legalmente es viable y asequible económicamente para nosotros y el heredero”, explica Sevilla.

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Contrato con comisión

Si hay suficiente masa hereditaria, entonces los expertos acumulan todas las pistas a través de fuentes públicas y bases de datos oficiales hasta encontrar al beneficiario (que en el 70% de los casos está en el extranjero) y comunicarle la noticia de forma presencial o por teléfono. Después de la sorpresa, firman un contrato con el despacho para que sea su responsable legal y tramitar la herencia. Es decir, la pone a nombre del sucesor, busca si le pertenecen saldos de cuentas bancarias u otros bienes y viviendas, gestiona las deudas o, incluso, proceden a la venta del patrimonio. El bufete ingresa entre el 10% y el 30% de la masa hereditaria neta. “Sin nuestra investigación nunca hubieran sabido que tienen una herencia”, agrega la abogada.

Asimismo, no es raro que el Estado acabe quedándose con la fortuna o también que los beneficiarios renuncien a ella. Guillermo Navarro, abogado de Navarro & Navarro, indica que “el Estado se adjudica las herencias cuando no hay herederos hasta el cuarto grado de consanguinidad: primos directos o hijos de sobrinos”. De este modo, si tras el fallecimiento de una persona la Administración no tiene conocimiento de que haya herederos o testamento, inicia un procedimiento judicial o administrativo que puede durar un año hasta adjudicársela. Según Navarro, lo mismo ocurre con el dinero que quede en cuentas bancarias: “Por normativa, cuando está abandonada durante 20 años, el saldo pasa a formar parte del Tesoro Público”.

Uno de los motivos principales por los que los ciudadanos renuncian a tan buena noticia es la alta carga tributaria del impuesto de sucesiones, que suele oscilar del 40% al 60% de la herencia en cuarto grado de parentesco. “Es un problema grave y un freno absoluto para tramitar las herencias. Es complicado hacérselo creer al cliente”, reconoce el letrado.

Hijos no reconocidos

En muchos casos, el paso previo para obtener un legado familiar es que se admita la filiación a hijos no reconocidos. El abogado Fernando Osuna ha llevado casos muy sonados, como el del torero El Cordobés o Javier Sánchez Santos, el hombre que la Audiencia Provincial de Valencia ha reconocido recientemente como hijo de Julio Iglesias, aunque la sentencia haya sido ya recurrida por el cantante.

El letrado lo primero que pide como prueba a sus clientes (que suelen hacer luego una reclamación de herencia) es un relato de hechos, cartas manuscritas del presunto padre, wasaps donde se preocupa y reconoce como progenitor, fotografías donde se vea el núcleo familiar, algún comprobante de ingreso económico o, incluso, si hay parecido físico. Sin embargo, en estos casos, la ciencia es determinante y va de la mano del derecho, lo que hace que la metodología más eficaz sea realizar una prueba de ADN al padre y, si ha fallecido, al hermano.

Un detective, que está obligado a decir la verdad ante el juez, se encarga, en un sitio público, de recoger muestras de objetos que no tengan ninguna validez, como basura nocturna, servilletas de papel, colillas o botellas de plástico vacías. Una vez obtenido el material, y si hay coincidencia genética, el abogado llama al presunto padre ofreciéndole eludir el pleito y que reconozca a su hijo en el Registro Civil o mediante acta notarial. De no hacerlo, se inicia una demanda cuyo primer paso suele ser una prueba de ADN válida para el juez y el Instituto de Toxicología. “Si se niega, tenemos el pleito medio ganado porque la negativa injustificada supone mucho para el presunto hijo. Si la acepta, ya sabemos el resultado”, añade Osuna.

De todo el proceso, el abogado recibe a posteriori entre el 8% y el 10% de la herencia que perciba el cliente. “Aunque hayan conseguido la paternidad, eso no les da dinero; para el segundo pleito, ellos siguen siendo los mismos”, comenta. Así, el “gran problema”, dice, es el coste del proceso, porque “la justicia gratuita no cubre al detective, que suele costar unos 500 euros al día”. A esto hay que sumar la prueba de ADN, que ronda los 400 euros, y la exhumación, otros 800, lo que provoca que las personas más necesitadas (el 80-90% de sus clientes, estima) no puedan hacer frente al proceso. “Son temas muy delicados. La mayoría de presuntos padres están casados y han tenido una relación clandestina. No suele haber testigos ni fotos y los wasaps no son muy contundentes. Buscan dignidad y justicia”, concluye el letrado.

Casos curiosos y reales de los ‘cazaherencias’

700.000 euros a los 90 años. Según explican desde la empresa francesa de búsqueda de herederos Coutot-Roehrig a El País, en 2015 un hombre de 90 años que residía en un barrio humilde de la periferia de Madrid recibió una llamada que le costó creer: había heredado un piso en el barrio de Salamanca (uno de los más exclusivos de la capital) valorado en 700.000 euros. El historiador que se lo contó, trabajador de la empresa, tuvo que narrarle toda su vida al detalle para que le creyera. De niño fue abandonado por su familia a principios del siglo pasado porque era hijo de una mujer soltera y le llevó a un hospicio. Creció sin contacto con su familia durante la guerra civil española. Después, trabajó en una fábrica y como obrero de construcción. La empresa había empezado a trabajar en la investigación cuando un tío de su madre biológica falleció sin herederos.

De campesino a tener un piso en París. Según contó a El Confidencial la misma empresa, en 2016 vivieron otro caso cuanto menos llamativo. Un campesino de una aldea perdida de los Pirineos acabó heredando un piso al lado de la Ópera de París. Su familiar desconocido había fallecido sin testamento ni herederos en Francia, adonde emigró desde España hacía muchos años. Tras recibir la noticia, el campesino manifestó a quien le dio la noticia en persona lo siguiente: “Esta herencia no me cambiará la vida y, posiblemente, tampoco la de mi hijo, que se comprará un coche nuevo o una casa más grande. Sin embargo, sí cambiará la de mis nietos, que podrán ir a la universidad y tendrán un futuro menos incierto”.

Fuente: Cinco Dias.