Las obligaciones de pago inmediatas y la falta de liquidez precipitaron la caída de Thomas Cook en la madrugada del 23 de septiembre. La compañía, ahogada en deudas y con serios problemas de efectivo, hubiera podido seguir operando como mucho hasta el 4 de octubre, de ahí que los directivos optaran por pedir la protección frente a los acreedores en los juzgados, según los documentos presentados ante el juzgado por la compañía que ha podido ver el diario Financial Times.

El grupo de viajes afrontaba a finales de septiembre pagos por 500 millones de libras (566 millones de euros) por parte de una larga lista de socios hoteleros y otros acreedores, según la documentación aportada por el grupo. Pero contaba solo con 956.670 libras en efectivo y 31,2 millones de libras (35 millones de euros) en cuentas bancarias cuando se produjo el colapso, lo que llevó al presidente ejecutivo Peter Fankhauser a concluir que «la compañía se quedará sin efectivo antes del 4 de octubre de 2019 y probablemente antes».

Este miércoles, la Autoridad de Aviación Civil de Reino Unido tiene previsto operar más de 70 vuelos para llevar de vuelta a 16.500 personas. El lunes, cuando se conoció la caída del gigante turístico, unos 600.000 viajeros quedaron a la espera de repatriación ante el final abrupto de las operaciones de la compañía.

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Ante el ahogo financiero, los directivos trataron sin éxito de vender parte de los negocios. Según la documentación, Thomas Cook recibió cinco ofertas no vinculantes para la totalidad o parte de su aerolínea, otra para la venta del touroperador de Fosun, su mayor accionista, y una oferta para su negocio nórdico.

Pero todas las ofertas fueron rechazadas, ya que el consejo decidió que aportaran valor suficiente al negocio, y dejaría la estructura de capital del grupo restante en un estado «poco probable que fuera sostenible».

Oferta firme de Anex Group

Los documentos también revelan por primera vez que la compañía recibió una oferta de adquisición a principios de agosto por parte de Anex Tour Group, un operador turístico turco, que había adquirido una participación del 8%. Las conversaciones entre Annex y Fosun no lograron culminar en un acuerdo.

Sin embargo, la situación financiera de la compañía se deterioró bruscamente durante los meses de verano, lo que condujo a una búsqueda frenética de efectivo. Según los documentos, los proveedores de servicios de pago que recaudaban el efectivo de los clientes, incluidos Concardis and Nets, Barclaycard, UniCredit y American Express, «tomaron medidas para mitigar su exposición financiera al grupo, como retener el efectivo cobrado y cancelar los servicios de pago «.

A medida que sus finanzas empeoraron, la compañía concentró sus esfuerzos en asegurar un acuerdo de reestructuración respaldado por Fosun, sus bancos y algunos de sus tenedores de bonos.

Fuente: Cinco Días