El operador ferroviario francés SNCF va a encargar a CAF un primer paquete de 28 trenes de media y larga distancia para la línea París-Clermont-Ferrand y la que enlaza las ciudades de París, Limoges y Toulouse. El pedido asciende a 700 millones de euros y debe ser ratificado el 24 de octubre por el consejo de SNCF Mobilités. De momento, el fabricante vasco es adjudicatario preferente.

El concurso incluye la posibilidad de ampliar el lote hasta las 75 unidades en tramos opcionales. Hasta 15 de ellas podrían prestar servicio en el eje Burdeos-Marsella.

El proceso de licitación de SNCF arrancó 18 meses atrás en busca de nuevos trenes Intercity eléctricos. Su puesta en circulación está prevista para 2023, con capacidad para alcanzar los 200 kilómetros por hora y equipamiento como los asientos ergonómicos, conexión wifi a internet, enchufes y puertos USB. El nuevo material rodante está llamado a sustituir a los trenes Corail, con antigüedad de hasta 40 años.

CAF avanzó que producirá estos vehículos en la planta vasca de Beasain y en la francesa de Bagnères-de-Bigorre, en los Altos Pirineos. Esta última fue a manos de CAF en 2008, con la adquisición del grupo ferroviario Soulé, y el contrato en ciernes con SNCF puede motivar que la plantilla pase de 100 a 350 trabajadores. También será necesaria la construcción de nuevos talleres, en una superficie de 11.000 metros cuadrados, dentro de un proyecto de renovación integral.

La compañía culmina de este modo un verano prolífico en pedidos. Firmó un primer contrato marco para entregar hasta 250 autobuses al operador italiano ATM Milano por un máximo de 192 millones de euros. Tras ello ganó el concurso para proveer 130 autobuses a la ciudad de Varsovia y otros 90 a Berlín, por un total de 160 millones. En un tercer lote de adjudicaciones, por 120 millones, CAF Signalling generó cartera en España, Eslovenia y Bulgaria. Y antes del encargo de SNCF, el fabricante se hizo con los macroproyectos de 300 autobús interurbanos para Roma y 114 trenes ligeros para el futuro metro de Jerusalén.

Fuente: Cinco Días